¿Qué es un Paradigma?
El Paradigma Catastrófico
Creencias. Modelos mentales de la Realidad.
¿Qué
es un Paradigma?
Utilizo, como sinónimos de paradigma, los conceptos: creencia, y modelo mental de la realidad.
Los paradigmas son modelos mentales de la realidad establecidos en una sociedad, y le permiten a la misma organizarse.
Son los sistemas de creencia aprendidos por el individuo durante la etapa de socialización, y reforzados o transformados durante la adultez. Son la forma en que la persona entiende el mundo, son su cosmovisión.
Este concepto tiene su origen etimológico en la palabra latina paradigma, la cual deriva a su vez del griego. El prefijo “para” significa junto, y el sufijo “deigma”, significa ejemplo o modelo.
Paradigma es lo que la persona considera que "la realidad es”; siendo esto así, le resulta lógico e incuestionable para explicar su existencia como ente social. Esto implica que él es sus creencias; las creencias que es como persona son reales, irrefutables, no negociables, son válidas y por supuesto… las mejores para sí.
Las creencias se van adquiriendo y estableciendo en los primeros años de vida.
El
amor, Dios, felicidad, sufrimiento, y muchos otros estructuran el sistema
personal de creencias.
Tal sistema reside en lo inconsciente; su aprendizaje es una herencia social que tiene origen inmediato en la familia. Su raíz es el inconsciente colectivo de la humanidad.
Por
lo tanto, el modelo mental que es cada persona está fuertemente entretejido en
la cultura en la cual creció y habita.
El paradigma personal rige la existencia del individuo, la percepción de sí y la de los demás; establece sus valores, vivencias y la relación con el otro; todo lo cual condiciona la forma en que “piensa y siente el mundo”, la manera en que lo comprende.
En mi interpretación de este concepto, la persona no tiene paradigmas, es paradigmas.
Tiene
cosas, amigos y familia; pero, los paradigmas son lo que está siendo, son la
expresión del modelo mental del mundo que aprendió y justifica.
En
el entorno social, los diferentes paradigmas personales necesariamente
coexisten y se relacionan entre sí, por esto es necesario ser tolerante ante
los que son diferentes al propio.
En un planeta con más de siete mil millones de seres humanos, cada persona es única, individualmente irrepetible; con sus fortalezas y debilidades; con alegrías, amor y angustias personales.
Es la existencia social la que nos permite manifestarnos como individuo.
Somos
personas en permanente coexistencia con personas.
Somos paradigmas personales en roce constante con otros paradigmas personales; relación y roce que nos transforman, constriñen, nos mueven a evolucionar, a rompernos e integrarnos.
El Paradigma Catastrófico
¿Cuál es la percepción que cada quien realiza de su vida como ente social? ¿Cómo siente y qué piensa acerca de las dinámicas y complejas interacciones sociales?
Estamos
en continua construcción, jamás estamos totalmente hechos. Esta es la razón por
la cual, en algunas oportunidades afirmo: estoy
siendo, en vez de soy.
La metacognición es el eterno y cíclico proceso de sensación, percepción, interpretación, aprendizaje, memoria y experiencia.
El
paradigma que cada uno es, está en permanente cambio a pesar de lo ilusorio de
su solidez y permanencia.
El cuerpo está ubicado en el espacio, la mente en el recuerdo; todo es tan irrelevante cuando las suposiciones que hemos asumido sobre nuestra vida pueden ser limitantes, generadoras de ansiedad y sufrimiento.
¿Por qué catastrófico?
Esto
se debe a que la persona afligida desde la niñez, crece reprimida por la
insatisfacción, en un estado de sufrimiento generado por el maltrato y el
abuso; con la recóndita percepción de fracaso en todas las áreas de su vida.
Su búsqueda de la felicidad es perenne,
frustrante y generadora de malestar.
Créeme, no es pesimismo, por supuesto que en la vida hay amor y felicidad.
Sin
embargo, no se trata exclusivamente de las personas emocionalmente sanas, que
son expresión de creencias expansivas.
Estas líneas también están orientadas a aquellos que se observan en un espejo que les refleja su imagen rota y distorsionada… que sufren el paradigma catastrófico.
Los paradigmas religiosos, científicos y educativos, determinan en base a sus doctrinas lo que es o no verdadero, lógico y válido, en cada sociedad.
Nos
enseñan a creer lo que debe ser real y lo que solamente es imaginario.
Algunos de estos modelos separan la mente del cuerpo, ponen el acento en el alma o en el cerebro; unos niegan la existencia de Dios y otros se soportan en dicha existencia.
En
fin, una variada mistura de hipótesis con las cuales las personas intentan
exponer y justificar sus teorías sobre lo que es la existencia.
Afortunadamente, ante tan innumerables opciones, la persona tiene la oportunidad de poder elegir conscientemente si desea mantener o cambiar las creencias disfuncionales que está siendo; empero, no es precisamente evidente a la propia razón, llegar a la conclusión “no me sirve lo que creo, lo que soy, y necesito cambiarlo”.
Las creencias personales son representaciones subjetivas que el individuo realiza acerca del mundo social. Estas no se limitan a la esfera del pensamiento; incluyen también los sentimientos, las emociones. Abarcan todos los aspectos posibles de su propia existencia, en medio de la realidad en la cual está inmerso.
Soy
mis creencias: emociones, ideas y preferencias personales; también, soy todo el
resto de cosas que guardo en mi
enigmático cerebro.
Todo
lo anterior es muy relevante en el momento del ¡Ajá!
En el iluminador instante en el cual, consciente de mi necesidad de renovarme, de integrarme como individuo, tengo el inesperado insight; preciso entonces de un puerto desde el cual zarpar para descubrir un nuevo mundo, un mundo nuevo y mejor: el de mi realización personal.
Los
efectos del Paradigma Catastrófico.
El
pensamiento-emoción en el paradigma catastrófico, se expresa en la vida
cotidiana como un terrible sentimiento de pérdida; como la inexorable certeza
de que todo siempre sale mal.
Las
actitudes conflictivas ante cualquier estímulo interno o del medio, permean las
circunstancias agradables y hasta las divertidas. Cada circunstancia personal
se siente como un manojo de problemas
irresolubles.
Ser conflictivo es una manera de ser, las circunstancias no lo son por sí mismas.
Vivir
implica la relación de la mente con situaciones sociales o naturales
inherentemente complejas en algún grado; interpretar las mismas como complejas
o como conflictivas, determina el modo en que nos sentimos ante ellas; permite
resolverlas o ser aplastados por las mismas.
Por ejemplo, las relaciones de pareja resultan conflictivas porque ambos miembros de la misma son catastróficos en su manera de experienciar tal relación.
Tales
actitudes nocivas, cuyas raíces se hunden profundamente en la culpa y la
victimización, afectan al individuo en los diversos aspectos de su existencia
tanto en lo laboral (en el Banco donde trabajo nadie me quiere), como en la
familia, los círculos sociales, la salud.
Otras
expresiones del paradigma catastrófico son la vergüenza y la intolerancia
frente al otro. La alegría de vivir está castrada por el miedo de hacer, de pensar…
de sentir.
Del mismo modo, las circunstancias adversas se perciben como inmensos obstáculos que superan las capacidades personales, afectando negativamente la expresión saludable de las emociones.
Los problemas, deben
entenderse como situaciones a resolver
por medio de una estrategia; esto significa: con discernimiento, analizando
dichas situaciones para encontrar la solución y prevenir que las emociones
limitantes hundan al individuo en la arena movediza de la duda neurótica.
Decir:
tengo un problema, afecta
negativamente al corazón. Tiende a suscitar la ansiedad y bloquear las
soluciones.
Decir: tengo una situación a resolver, implica al cerebro, los procesos de razonamiento y análisis; por lo cual las emociones se mantienen al margen.
¿Cómo
comenzar el cambio hacia paradigmas expansivos?
Tal vez con Jung o con Berne. En su raíz, el cambio es actitudinal; también es autorreferencial (cuando nos observamos y analizamos para describirnos y comprendernos).
Para
poder observarnos necesitamos de un espejo...
¿Un
espejo?
Sí, ese espejo es el Otro.
El
ser humano es gregario; apartarse del mundo va contra su naturaleza esencial.
Aprender a interpretar funcionalmente lo que otros nos dicen con sus palabras y conducta, nos permite contrastar el cómo creemos que somos con el cómo estamos siendo.
Este es el Efecto Espejo, unos y otros nos reflejamos recíprocamente; la necesidad de aceptación y pertenencia a un grupo debe equilibrarse, apreciarse, ser sopesada a través de la conducta expansiva, del comportamiento tolerante, amable e inteligente.
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