¿Qué es ser Conflictivo?
El paradigma Catastrófico de la Conflictividad.
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| Foto: Milada Vigerova - Unsplash |
¿Qué
es ser conflictivo?
Ocasionalmente
he leído artículos relacionados con “el poder de la palabra”. Me inquiero
entonces: ¿Tiene la palabra algún poder? ¿Es mágico tal poder? ¿Psicológico tal
vez?
Me
enfocaré en el lenguaje oral, en la palabra hablada que utilizamos para
expresar nuestros deseos, inquietudes, y el resto de nuestras necesidades como
individuos; indagaré en el modo como pronunciamos las palabras, porque estas
son nuestra forma de expresión de las ideas y del sentir personal.
Cuando
hablamos, ineludiblemente manifestamos el ser que somos.
Hablar, muestra del hablante más de lo que desea decir... solo hay que saber escucharse y saber escuchar al otro.
¿Quién
pienso que soy? ¿Cómo creo que soy?
La
persona cree tener la certeza acerca de quién es; para ello se soporta en el
aprendizaje, en su memoria plena de recuerdos, en sus nexos sociales, en lo que
el otro le confirma diariamente acerca de sí.
Cada
individuo es un singular modelo mental de la realidad, un sistema único de
creencias que se denomina paradigma.
Tal modelo personal de la realidad es un tejido intrincado, compuesto por innumerables hilos (conceptos-afectividad). Cada tejedor hace o no lo mejor para crear un primoroso ropaje o un andrajoso traje. Esto depende de las habilidades y destrezas que haya adquirido a lo largo de su vida.
La
forma en que hablamos, muestra al otro cómo somos. La palabra declara las
creencias personales; expresamos las emociones con el tono de la voz, su
volumen y modulación.
Al hablar, participamos al otro el modelo mental de vida que hemos desarrollado.
Te
propongo que sustituyas algunos conceptos que quizás utilizas en tu vida
diaria.
Estos
conceptos están relacionados con la visión que te permite vislumbrar la
diferencia entre el discernimiento y la racionalidad, con respecto a su
opuesto: la emocionalidad reactiva.
Cuando hablas, claramente muestras el cómo percibes la malla de la trama social, y denotas inevitablemente tus emociones con relación a dicha trama.
Voy a referirme directamente a un concepto que podría estar afectando tu vida. Este es el de la noción de conflicto, de la percepción de que las cosas son intrínsecamente conflictivas.
Tus relaciones de pareja, familiares, laborales y en general todos los aspectos de tu realidad social: ¿Están cubiertos por un permanente y estresante manto de conflictividad y, como efecto irrevocable, de aplastante tensión interior?
En
la conversación con una persona, podemos escuchar lo que dice, lo que deja de
decir, lo que pretende ocultar y lo que no sabe que está diciendo.
Escuchándola con atención podemos inferir cómo es, cómo está, qué cree sobre sí y acerca del otro.
“Esa
persona sí que es conflictiva”
“Es
que tengo muchos conflictos en mi trabajo”
“Desde que nos casamos todo ha sido un permanente conflicto”.
No hay situaciones conflictivas per se, no hay condiciones conflictivas en lo cotidiano; la vida no es un conflicto. Lo conflictivo radica en la percepción personal que se manifiesta como tal, que revela la ansiedad originada por los miedos del individuo.
Está
determinado por la formación, por la educación.
Esta
afirmación implica que la persona es o no es conflictiva. Insisto, las
situaciones no son conflictivas por sí mismas; es el modo en que la persona
comprende el mundo, lo que determina que ciertas situaciones le resulten de esa
manera.
Ser conflictivo es algo que se inculca en la niñez, porque se aprende de nuestros cuidadores; sean estos nuestros padres, abuelos... Se asimila y se imita de las actitudes de estos, en lo que consideramos el hogar.
El
cerebro del niño se impregna de todo lo que ve y escucha; este, no puede ni
sabe discriminar qué es funcional y qué es nocivo. Adicionalmente, sus
cuidadores son para él el modelo directo, necesario y determinante.
De
tal modelo toma todo aquello que va a ser formado en sus redes sinápticas; el
cerebro aprende amor, aprende odio, tolerancia, o maltrato, y todo lo que está
aprendiendo va a depender de la conducta de las figuras parentales.
De sus cuidadores observa y comprende que, ante una determinada situación, ha de manifestar un estado de conflicto interior; va a aprender a mantener tal actitud de tensión ante situaciones similares.
El modelo conflictivo como respuesta, no se manifiesta necesariamente ante situaciones expresamente adversas, sino que lo hace ante situaciones que podrían no ser amenazantes por sí mismas, de hecho, nada peligrosas para la estabilidad o la seguridad personal.
Dos de las características más frecuentes de la persona conflictiva son la intolerancia y la ansiedad; la persona conflictiva no sabe cómo manejar de manera positiva, aquellas circunstancias que considera amenazantes y le generan ansiedad.
La
respuesta del individuo ante el estrés que le genera este modo de ser, se
manifiesta como agotamiento mental y físico, y en casos agudos, sobreviene la
enfermedad.
El conflicto es su forma de entender el entorno social de modo limitante, y afecta directamente su afectividad.
La
vida no es un conflicto. Es una sucesión de circunstancias… el cómo estas son
percibidas es un asunto que ha de resolver cada persona.
Reflexionar acerca de estas palabras permite establecer una respuesta a dichas circunstancias que no resulte reactiva. La persona que sufre con este modelo mental de la realidad, ha de buscar ayuda terapéutica profesional.
La
respuesta eficaz está en el discernimiento.
Del
latín discernere (distinguir o separar) y del sufijo mentum (medio o
instrumento), el discernimiento es el juicio moral por medio del cual
percibimos y establecemos la diferencia entre las cosas, cómo estas se
relacionan y afectan entre sí.
Es
el criterio que usamos para distinguir los elementos involucrados en una
determinada situación, lleva a decidir si una acción es buena o mala, correcta
o incorrecta, segura o amenazante.
El
discernimiento nos permite realizar un juicio de valor positivo acerca de las
circunstancias y situaciones que experienciamos en la vida cotidiana.
Entre sus sinónimos encontramos: comprender, distinguir con perspicacia, prudencia al pensar y actuar. Sus antónimos son, entre otros, irreflexión, imprudencia, insensatez.
La
persona conflictiva sufre íntegramente su estado actual. La permanente
conflictividad deviene de la incertidumbre que está sintiendo-pensando en cada
instante de su vida.
Se
percibe víctima de las circunstancias, no sabe discernir lo esencialmente
positivo; porque, paradójicamente, lo que ella cree que es como persona, escapa
a su conocimiento consciente.
De alguna manera, continúa siendo un niño asustado que es incapaz de relacionarse con el otro desde el Estado Adulto del Yo.
Esto
es precisamente lo que necesita aprender: ser Adulto, lo cual conlleva el
riesgo siempre presente de equivocarse y, a pesar de ello, actuar.
Envuelve tener una valoración franca de lo que se es como persona.
La percepción personal de ser mentalmente sana, le evita reaccionar reactivamente ante las circunstancias; el discernimiento le permite valorar las mismas desde la razón, para responder entonces asertivamente.
El soporte profesional es importante, porque es poco probable que la persona logre resolver por sí misma el paradigma catastrófico de la conflictividad.
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