¿Qué es la Culpa?
Víctima y Manipulación
Juegos para el Control del Otro
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| Foto: Jonathan Rados on Unsplash |
Víctima y manipulación.
La
culpa es una emoción negativa de adaptación social, consecuencia de la creencia
de haber lesionado con una falta las normas éticas establecidas por sí o por la
sociedad, dando como resultado alguna clase de perjuicio.
Ser
consciente de dicha falta puede generar vergüenza y, por consiguiente, la
sincera necesidad de reparar o compensar a la otra persona por dicha falta.
Sin
embargo, esto último sucede, asertivamente, en las personas emocionalmente
sanas.
| Diseño: Antonio Belisario |
intención o con negligencia, produce un estado interior de malestar afectivo,
moral, que se manifiesta en las relaciones interpersonales.
En
las personas que son paradigmas limitantes, la culpa es el modo de
supervivencia por medio de la manipulación para poder controlar el juego nocivo
que denomino: Juegos para el Control del Otro.
La culpa neurótica es la conducta de control del otro, a quien se le asigna el rol de culpable y también de víctima; para participar en dicho juego, este otro ha de cumplir con el requerimiento más importante: ser víctima. La persona funcionalmente sana no participa en estos juegos psicológicos.
La
culpa está asociada con conductas no asertivas: la sumisión y la agresión.
La
culpa es una manera, en parte inconsciente y en parte consciente, de pretender
evitar la responsabilidad personal ante las propias acciones perniciosas; de
hecho, la persona procura responsabilizar al otro culpándolo de los efectos
negativos de sus propias acciones, de sus errores, de lo que considera el
fracaso y la insatisfacción, en algún aspecto de su vida.
El
juego de la culpa pervierte las relaciones personales que, de otro modo,
resultarían sanas y expansivas.
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| Foto: Jacqueline Fay on Unsplash |
El
estado culpa-vergüenza.
El
sentimiento de culpa por lo que se hizo o se dejó de hacer, no define
necesariamente al mismo como algo concerniente con lo que se hace; mientras que
la vergüenza, lo que se siente, se relaciona directamente con el modo de ser.
En la oración “hice realmente tal cosa censurable”, si la persona pone el enfoque en el verbo hacer está sintiendo vergüenza, si pone dicho enfoque en lo censurable de su acción, implícitamente está sintiendo culpa.
La
persona asertiva no participa en el pernicioso juego de la culpa porque no
resuena con el dañoso estado del otro; esto se debe a que es consciente de cuál
es su responsabilidad en una situación determinada.
Su compromiso primario y vital es consigo, valora positivamente quien es, y no depende de la validación del otro para actuar. Sabe, asertivamente, cuándo y cómo decir No o decir Sí.
El
sentimiento de culpa no es implícitamente nocivo.
Es saludable cuando el individuo asume de manera adulta su responsabilidad por un comportamiento inadecuado. Realiza una acción correctiva del mismo, acción que es determinada por el sentimiento de culpa funcional, edificante y necesario para el propio equilibrio emocional.
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| Foto: Tadeusz Lakota on Unsplash |
Ser víctima es algo que se aprende, es algo que se es… o no; que se adquiere y asimila en la infancia debido a los mensajes recibidos de los cuidadores. Una de las causas de la culpa es el desamor. En realidad, todo lo emocional, todo el constructo de lo afectivo es aprendizaje.
La culpa neurótica no es una conducta que aparece inesperadamente a los veinte o a los cuarenta años. El individuo víctima-culpable-manipulador aprende a adaptarse, a cambiar de acuerdo a las circunstancias para sentir y creer con desespero, que es aceptada, amada, reconocida como persona y respetada como tal.
La alternativa es continuar sufriendo la espantosa sensación de soledad, de ostracismo. Es un estado de pérdida de la correcta valoración personal.
La
persona, con una limitante Percepción Personal de Sí, tiende a sentir culpa al
no complacer los deseos del otro; por lo tanto, cede aun a costa de sus
intereses personales, de sus propios deseos y expectativas.
Desea
estudiar música, pero su familia sueña con tener el primer médico; no le
apetece ir a cenar, pero su pareja está loca por ir a comer langostas.
Son infinitos los ejemplos… pero la conducta es la misma, acceder a hacer lo que no se desea para evitar la culpa, la vergüenza y el castigo. Por lo tanto, el sentimiento nocivo de culpa no se limita a lo que se ha hecho, también se extiende a lo que se dejó de hacer.
Es
necesario el cambio del paradigma personal para poder cambiar el modelo
neurótico de culpa. La alternativa sana es el modelo asertivo de la
responsabilidad personal aplicado en todo lo que se hace.
La culpa, simbólicamente toca el corazón, la afectividad, revelando el oculto sentimiento de malestar. La responsabilidad personal, metafóricamente toca el cerebro, el discernimiento, y la conducta asertiva.
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