¿Existe Dios?
El Secreto de la Divinidad
¿Ciencia contra Religión?
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| Foto: Samuel Zeller / Unsplash |
La respuesta de cada individuo, a esta milenaria pregunta, depende del modo en que cada uno define lo que cree que es la realidad, específicamente: su realidad.
Sin embargo, la cuestión acerca de la existencia de Dios se convirtió desde hace varios siglos en un asunto intelectual, de sumo interés para la Razón metafísica; lamentablemente, se trata de darle validez a los propios argumentos y pretender desacreditar a quienes piensan de modo contrario, diferente.
En
esta trampa de osos han caído intelectuales, sabios y filósofos de casi todas
las disciplinas del pensamiento humano.
Tesis
muy inteligentes son utilizadas como formidables armas para vencer al enemigo
en el campo del razonamiento lógico. Los argumentos abundan en hipótesis y
teorías de toda índole; todas definitivas, todas imbatibles.
En estas irracionales escaramuzas entre paradigmas filosóficos y religiosos, se utilizan las neurociencias, el miedo, la metafísica, la filosofía materialista, y el libre albedrío.
Estos sabios llaman en su auxilio a Aristóteles, a Dawkins, a Santo Tomás de Aquino, la Biblia, el Big Bang… y cuanto elemento material o espiritual que convenga a sus, en tantas oportunidades, desatinados fines.
En cuanto a las disciplinas científicas, no recuerdo una sola que tenga como objeto de estudio a Dios. (En realidad con el desarrollo de las neurociencias en los últimos veinte años se ha creado la ciencia cognitiva de la religión (CCR), que estudia los procesos cognitivos asociados a las creencias religiosas... y se distraen de lo lindo demostrando que las experiencias espirituales son el resultado o no de procesos mentales naturales implícitos en la estructura del cerebro, en los genes o en el modo de comer hamburguesas. Por cierto, los estudiosos de la CCR ya están divididos entre racionalistas, agnósticos, neutrales e irracionalistas).
Como
te estaba diciendo, ninguna disciplina científica tiene como objeto de estudio
a Dios; por lo tanto, ninguna tiene un método para su estudio.
A pesar de esto, destacados científicos niegan tajantemente, basados en sus experimentos y ecuaciones, la existencia del mundo espiritual.
Un ejemplo es Stephen Hawking, quien afirma que, gracias a la teoría del Big Bang, no necesita a Dios en la ecuación de la creación; no me olvido de Albert Einstein, quien al no aceptar algunas conclusiones de la mecánica cuántica afirmó “Dios no juega a los dados”, a lo cual su amigo Niels Böhr le contestó "Deja de decirle a Dios lo que puede hacer".
Toda creencia es sinónimo de paradigma, de modelo mental de la realidad. No tenemos creencias… somos creencias.
Todo
lo que pensamos-sentimos tiene su raíz en lo que hemos vivido, anhelado, y
aprendido. Somos nuestra memoria, la memoria nos define como Pedro, María,
Luis...
Lo que consideramos que es la realidad, nuestra percepción de la misma, es una compleja relación de redes sinápticas creadas por nuestras vivencias, reforzadas por la atención, las emociones y la necesidad de supervivencia personal, tanto en el entorno natural como en el social.
En
lo inmediato, somos nuestro cerebro…
Lo
espinoso del tema es que el equilibrio o balance electroquímico del mismo va a
determinar nuestra salud mental. El cerebro es el categorizador del mundo
sensorial.
Las
percepciones que este realiza en base a la información eléctrica y química que
recibe de los órganos de los sentidos, son necesariamente limitadas.
El
proceso de la educación en el hogar, sumado a la información recibida en la
escuela, determina el “quién creo que soy”.
El
niño nacido en una familia cristiana es inicialmente, cristiano; ese mismo niño
nacido en una familia hinduista o atea es otro paradigma. Somos el resultado de
las creencias que aprendimos en los siete primeros años de existencia.
La mente es un epifenómeno del cerebro; la denomino mente codificadora porque ese es su trabajo: codificar la ilusoria realidad; a su vez, el cerebro es creación de la Consciencia.
“Hay
más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía.”
La realidad es más compleja y menos complicada que lo que algunas personas perciben. El estudio de la realidad tiene perplejos a los estudiosos del cerebro y de la mente… cuánto más los tiene el elusivo tema de la existencia de Dios.
Estos
son algunos ejemplos de científicos jugando a comprender a Dios:
Leonhard
Euler, calvinista, trabajaba en la corte de Catalina la Grande, en San
Petersburgo, cuando supo que el filósofo francés Diderot se encontraba en dicha
ciudad.
Lo
invitó a la corte de la Emperatriz y le retó a resolver una ecuación algebraica
con la cual pretendía demostrar la existencia de Dios, a la vez que le decía
“Señor Diderot, por lo tanto, Dios existe”.
El francés, agnóstico, era buen filósofo y pésimo matemático, así que dejó las cosas hasta allí y se marchó de la ciudad.
Otros
famosos matemáticos y filósofos que han pretendido afirmar o negar la
existencia de Dios fueron: Pascal, con su argumento “infinito o nada”, “la
apuesta”; El inglés Stephen Unwin, un físico teórico, que se valió del teorema
de Bayes para calcular la probabilidad de la existencia de Dios.
También Leibniz, con su Ensayo de Teodicea sobre de la bondad De Dios..., San Anselmo (Dios no necesita ser demostrado, su existencia es evidente por sí misma); Descartes, Santo Tomás de Aquino, Dennett, Antony Flew, Hume, Hegel y varios centenares más de brillantes mentes se sumaron o están sumados, a este festín de paradigmas, de argumentos como el teleológico (propósito o diseño), el del Diseño Fino, Dios como proyección humana, Dios como…
Pero,
más que un productivo debate acerca de este elusivo tema, la discusión entre
ciencia y religión, entre teístas y ateos, se alejó de la divinidad.
El
dios de los filósofos es un dios de ideas, el de los matemáticos es un dios de
números.
La
ciencia, como una hija resentida por tantos siglos de opresión, zahiere y
escalda la doctrina religiosa cristiana, la rebate con estulticia y se afana
por demostrar que la Razón metodológica cartesiana ha dicho la última
palabra... a pesar de Descartes.
Al
no haber, realmente, una ciencia que estudie a Dios la opinión del científico
es sólo eso… una opinión personal, no un hecho demostrado, ni validado.
La creencia en la existencia de Dios no es únicamente de los cristianos; todas las civilizaciones antiguas y modernas sostienen tal creencia. Cada una siente a Dios y lo nombra de acuerdo a sus opiniones.
Lo
que los filósofos materialistas y los científicos positivistas no alcanzan a
comprender es que sus argumentos están constreñidos por una sola causa…
¿Cuál?
El
Dao De Ying, escrito por Lao Tsé, reza:
El
Dao que es nombrado no es el verdadero Dao.
El
nombre que le damos, no es su nombre.
Sin
nombre es el principio del universo.
Con
nombre es la madre de todas las cosas.
En
el no-ser comprendemos su existencia.
Desde
el ser sólo percibimos su apariencia.
Su
identidad es el misterio.
En este misterio se halla la puerta de toda maravilla.
No
hay cosa alguna que decir acerca de Dao, de su existencia; tampoco hay manera de abundar en detalles acerca de lo
absoluto.
Nuestra
limitación para resolver el enigma Dios,
radica en que el cerebro categoriza básicamente aquello que recibe de los
sentidos, crea percepciones y vive en ellas.
La
mente humana explica el universo, crea las matemáticas, el sentido de lo bello,
la filosofía, y el arte; la mente es paradigma de lo aprendido en el mundo
sensible.
Lo concerniente al mundo de lo espiritual es ininteligible.
Esto
creo…
Mientras
dictaba una conferencia acerca de ocultismo, uno de los asistentes me preguntó
si yo creía en Dios, mi respuesta fue un claro No; me inquirió entonces si yo era agnóstico o ateo, mi respuesta
fue la misma.
Ante su desconcierto le aclaré que no creo en Dios… pero que confío plenamente en Él.
Creencia
es sinónimo de paradigma, de todo aquello que hemos aprendido desde la niñez;
es un modelo mental de la realidad que se soporta en muchos factores: la
sociedad, la religión de la familia en la cual crecí; en fin, las innumerables
circunstancias que conforman mi vida.
Aceptar
o no la existencia de Dios es, de la misma manera, un paradigma, un
aprendizaje.
Es
la verdad que cada persona asume como real y por lo tanto no duda de la misma.
¿Creó
Dios el universo? ¿Es Dios hombre o mujer? ¿Es eterno? ¿Permite la maldad con
fría indiferencia?
En
lo personal, estas y otras preguntas al respecto no tienen sentido; cualquier
afirmación o negación son, como en el caso del científico Stephen Hawking, solo
simples opiniones personales.
Por mi parte… confío en Él. Para esto no necesito ni deseo la validación de los científicos.
La
creencia en Dios es un asunto personal, una decisión individual que ha de ser
respetada porque es un derecho humano y asertivo.
Hoy en día, Dios pasó de moda para muchas personas; algunas llegan a sentirse cohibidas o hasta ridículas por plantear el tema a otros. Nietzsche, al observar su sociedad, afirmó que Dios ha muerto, pero quien murió fue él.
No creo en Dios… pero confío absolutamente en Él.Si te ha gustado o no este post escríbeme, por favor, tu opinión en la sección de comentarios. Así podremos ir creando juntos un blog participativo y formando una comunidad de intereses comunes. Si deseas que tratemos acerca de un tema de tu interés, puedes proponerlo en la misma sección. Me gustaría que, si te apetece, compartieras el blog en tus redes sociales para llegar a otras personas que puedan estar interesadas en nuestros temas. Gracias.

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