El Sentido de la vida
¿Cuál es el significado de la existencia?
¿Tiene sentido la vida?
Cualquiera
que sea la respuesta que demos, esta ha de ser comprensible, comunicable;
aunque algunas veces la misma pueda ser origen de polémicas.
La
vida no tiene implícitamente un sentido moral ni un propósito o finalidad. Tal
sentido ha de ser asignado por cada individuo, y probablemente este cambiará a
lo largo de su vida.
La
razón de ser, como ente social y espiritual, ha de ser desarrollada y explicada
por cada persona.
¿Por
qué soy como soy? ¿Para qué estoy viviendo? ¿Existe la vida después de esta
vida? ¿De dónde vengo y para dónde voy? ¿Qué son la felicidad y el sufrimiento?
¿Vale la pena vivir?
Algunas
personas asumen que plantearse estas preguntas de índole metafísica, es pensar
tonterías filosóficas, por lo cual no es relevante para ellas meditar respecto
a las mismas.
Otras,
apercibidas de su importancia, indagan incesantemente para hallar sus propias
respuestas.
En ciertas circunstancias, la persona se encuentra confrontando estas interrogantes al sufrir pérdidas dolorosas que percibe como destructoras de su equilibrio vital, al ver que se van definitivamente sus seres amados o al hundirse en crisis económicas que afectan profundamente su vida.
No
puede comprender por qué Dios o la vida le hacen esto.
Percibe
las situaciones adversas como difíciles, como injustos e inmerecidos castigos
del destino, de algún vengativo dios o del
universo.
Vivir implica incertidumbre e impermanencia para bien o para mal, el cambio es constante y tiene ritmo propio. Algunos cambios apenas se perciben en el transcurso de los años, mientras otros son bruscos, inesperados, demoledores de la sensación de seguridad; y en ambos casos, el cambio genera bienestar en algún aspecto de la vida o produce dolorosas distorsiones en la misma.
Reconociendo
la evidencia de que existimos como individuos ubicados en el mundo social y
asumiendo las responsabilidades implícitas en el hecho de ser persona;
comprendiendo la necesidad de darle conscientemente significado a nuestra vida,
elaborando una visión y una misión trascendentes de la misma.
Definir con discernimiento el sentido de la existencia, es establecer en forma irrevocable valores morales positivos sobre los cuales sustentarnos en el quehacer cotidiano.
El
individuo que indaga y realiza sus propias conclusiones acerca del sentido de
la vida, tiende a ser feliz, expansivo, amoroso y empático.
Su
actitud proactiva le genera soluciones imaginativas y eficaces ante las
circunstancias desfavorables.
Responde
entonces la interrogante planteada para saber quién es, y hacia dónde desea
orientar su destino.
Vivir,
sin plantearse cuál es el significado de la propia existencia, es recorrer un
territorio desconocido sin mapa ni brújula; la persona desconoce hacia dónde va
y, lamentablemente, cómo llegar con bien a un destino que no ha definido
previamente.
Tal
estado de cosas es el origen de dudas que manifiestan la ansiedad, el miedo y el
desconcierto que es el individuo desde su inconsciente.
No es necesario ser Platón, Kant o Camus, para inquirir acerca del sentido de la vida. Cada persona tiene la posibilidad y el derecho de definir sus conclusiones de acuerdo a las creencias que es. Ya sea que esta se soporte en paradigmas religiosos, filosóficos o morales, podrá concluir por qué está aquí, para qué existe y qué anhela realizar en este transcurso maravilloso que es vivir.
¿Cómo
lograrlo?
Estableciendo
objetivos claros sobre los aspectos relevantes de la vida personal, manteniendo
relaciones asertivas en el medio ambiente social, descubriendo día a día lo
bello y lo útil en sí.
Haciéndonos
conscientes del valor que representamos para nuestros seres amados, disfrutando
cada instante incluso en las circunstancias adversas (de las cuales nunca somos
víctimas).
Pensando
que somos entes socialmente productivos, espiritualmente hermosos,
existencialmente únicos en medio de individuos únicos. Desplegando valores de
tolerancia hacia quienes son diferentes a nosotros tanto por sus creencias como
por su origen étnico y preferencias personales; sabiendo que la amabilidad
recíproca incrementa la comunicación y el entendimiento.
Damos sentido a la vida, le otorgamos significación creadora, cuando en medio de la complejidad de la existencia tomamos la decisión de vivir a plenitud, planificando objetivos superiores para nosotros y la sociedad, tanto en lo material como en lo espiritual; dichos objetivos expansivos están relacionados con lo económico, la salud, el amor, la familia, los amigos y el resto de los miembros de las diferentes comunidades en las cuales nos desenvolvemos.
Justificamos
adecuadamente nuestro esfuerzo cotidiano cuando, en medio de circunstancias
positivas o amenazantes, realizamos nuestro mejor esfuerzo con el
convencimiento, la alegría y el empeño de lograr propósitos funcionales en
nuestro deseo de llevar a cabo los objetivos personales.
Es innegable el hecho de que vivir conlleva la posibilidad de dolor y de frustración por no lograr materializar nuestros planes; lo es también, que el sentimiento de frustración y la sensación de fracaso solo habitan en las personas debilitadas por el maltrato durante la niñez.
Estamos
siendo lo que aprendimos que somos, y esta afirmación establece que lo que
pensamos, y sentimos, son la expresión del modelo mental del mundo que
aprendimos.
Darle sentido a nuestra vida es un acto de proactividad consciente, de voluntad de realización y de confianza en nosotros mismos y, si eres creyente, en Dios.
El
sentimiento de insatisfacción y la avidez subyacente, nacen de la íntima e
inconsciente sensación de carencia, la cual es la negación de nuestras
posibilidades innovadoras en todos los aspectos de nuestro ser.
Las
personas que se sienten víctimas, tienden a no comprender positivamente su
experiencia social y espiritual, razón por la cual se encuentran sufriendo una vida sin sentido, un día a
día incoherente, abandonadas en el desierto del desaliento, las adicciones
químicas emocionales y, en casos desesperados, el espectro del suicidio
establece su guardia impenitente…
¿Quién
estoy siendo? ¿Qué soy? ¿Tengo claros mis objetivos? ¿Anhelo realizar mis
sueños? ¿Me atrevo a soñar? ¿Me he preguntado qué deseo lograr como persona?
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