El Divino Secreto de La Oración
Un diálogo íntimo con Dios
| Foto: Aaron Burden - Unsplash |
Oración y Plenitud.
Existe
en el ser humano un poder maravilloso de realización espiritual y material, un
poder que no está oculto; que es permanente y trascendente, generador de
milagros; es la fuerza liberadora que colma de bendiciones al ser humano.
Este
es el bendito poder de la oración, de la plegaria, y del rezo.
Satisface las necesidades del espíritu y consiente a la persona para sentir de manera intensa e íntima la presencia de su Creador.
La
Oración es la expresión oral, mental o gestual, que acerca la persona a Dios.
Establece el vínculo íntimo con el Padre Celestial para expresarle gratitud, para hacer una petición o sentir consuelo y fortaleza en las circunstancias adversas.
Esto
creo…
Cuando
oro sé que Dios me escucha y… me responde, como un padre amoroso y justo lo
hace con su hijo.
Orar es un modo de sentir y pensar; es existir con bondad, amor, honestidad, y bienestar consigo y con los demás; de respeto ecológico a la naturaleza, a sus criaturas: las plantas y los animales.
En
cierta ocasión, un amigo me comentó con algo de angustia que creía que Dios no
lo veía, que sentía que no lo tomaba en cuenta, que lo ignoraba.
Le respondí que Dios nos mira a todos, a cada uno de sus hijos; que permanentemente piensa en cada uno de nosotros, y que si de alguna manera, por un segundo Dios dejara de pensar en él, en ese preciso instante, desaparecería como si no hubiera existido nunca, le dije que una evidencia de que Dios piensa en él era que, en ese momento, aún estaba allí.
Cuando
Oro lo hago con gratitud, agradeciéndole a mi Señor todas las bendiciones que
estoy siendo, que estoy teniendo, disfrutando... y aún me atrevo a pedir más,
ya sea salud, productividad, amor.
La
acción de orar es generosa.
Además de orar por los míos, oro por las personas que sufren por causa de enfermedades físicas o mentales, por las personas en los hospitales, en las cárceles; por las personas envueltas en el flagelo de la guerra, oro por la paz, por la convivencia, y la tolerancia entre las personas.
Soy
una persona religiosa, soy un ser espiritual; los paradigmas de las doctrinas
religiosas o ateístas no los comprendo, no los comparto ni los juzgo.
Evidentemente, se ora a Dios, independientemente de si se practica o no una religión.
Orar
pertenece a la esfera de lo espiritual. Es una creencia luminosa de devoción y
esperanza en el poder y amor de lo que denominamos Dios.
Orar
es conversar con nuestro Creador, es un diálogo en el cual es importante
aprender a escuchar Sus respuestas.
Quien ora, sabe que su Creador está a su lado, que lo está mirando, escuchando, y cuidando.
Orar
produce el efecto sanador de percibir que se existe en un mundo menos
amenazante, y nace del devoto que reconoce que, más allá de lo inmediatamente
humano, es eterno.
La
oración deviene de la intuición de la Bondad divina, es un extraordinario y
armónico estado de paz mental que incrementa el disfrute de vivir.
A la persona creyente, que sufre trastornos de ansiedad, la oración le ayuda a sobrellevar los mismos… sabe que, espiritualmente, no está sola en su padecimiento.
Hay
innumerables estudios científicos relacionados con la eficacia de la oración,
los ignoraré porque sus resultados no son de interés para nuestro artículo,
porque la oración es un acto de fe, de confianza, de esperanza.
En lo personal, no necesito su comprobación para proceder a confiar plenamente en mi Creador.
La compasión, la empatía, el interés y la preocupación activa por el otro, catalizan el efecto de la oración.
La oración, al igual que dhyana (meditación), produce cambios expansivos en las estructuras del cerebro relacionadas con la percepción de la realidad.
No
creo en Dios… confío en Él.
Toda
creencia es un constructo social, un paradigma fatalmente humano.
La
creencia o no en el mundo espiritual, es inicialmente determinado por mis
cuidadores, por la familia en la cual crecí.
Tengo el derecho asertivo de creer o no, de orar o no; también el deber asertivo de respetar el pensamiento del otro por muy diferente, extraño o contrario que sea al mío.
Indefectiblemente, orar es expresión de saberme amado por Dios, independientemente del modelo de mis creencias espirituales y religiosas. Es la íntima confianza generada por la profunda certidumbre de que soy escuchado… aunque humanamente no pueda explicarme cómo esto sucede.
A
partir de los años sesenta del siglo pasado, la cultura occidental, abierta,
pragmática y libre, comenzó a conquistar el mundo. El desdén por la vida
espiritual comenzó a imponerse paulatina y activamente.
El
cambio de valores implicado en el cine occidental acentuó la individualidad, la
ferocidad entre individuos, la egolatría… el macho alfa, manifestado en hombres
y mujeres.
Por supuesto, un hombre duro de matar no tiene nada que ver con estas tonterías místicas, eso se lo deja a los enclenques mentales.
¿Cuál
es el sentido de mi vida? ¿Qué es existir? ¿Estoy aquí para quedar reducido a
un necio polvo de estrellas? Lo siento Sr. Sagan, no somos polvo de estrellas.
¿Qué se oculta detrás de un interesante “soy agnóstico”? ¿Es motivo de vergüenza confiar en un Dios que no puedo inteligir?
La
plegaria, está radicalmente integrada en mi vida cotidiana.
Jamás
pretendería convencerte para que asumas mis creencias. Sería de mi parte, un
total irrespeto intentar siquiera persuadirte que tengo razón y que debes orar;
me limito a decir la verdad que estoy siendo.
Comparto
mis ideas y experiencias, porque de eso se trata la comunicación generosa.
No
participo en debates, cada uno tiene sus razones para creer lo propio. Creo que
toda religión es verdadera y también es verdadero el ateísmo.
Es lo espectacular de ser humano, de ser persona.
Es mi creencia que Dios siempre, pero siempre, está atento a todos… incluyendo a los malvados (tal vez está más pendiente de ellos porque también son sus hijos y, probablemente, sufren con más intensidad por cómo están siendo).
Quizás, yo pueda parecerte un enclenque mental, un consumado supersticioso, un fanático, un ignoranto anafabestia que no asienta los pies en la realidad; quizás debería buscarme otro trabajo o un hobby (no me compraré un perro porque vivo en un departamento pequeño y a mi gata no le gustan los ladridos).
Orar
me permite presentir, aunque sea de forma indefinida, el esplendor refulgente
de la Creación.
Me otorga una perspectiva sublime con la cual disfruto, con sentido trascendente, lo espiritual y lo social.
Para
mí, el significado de la existencia es integrador; porque comprendo que todos
los seres somos inevitablemente uno.
Todos constituimos una familia cuyos miembros han de ayudarse, socorrerse, tolerarse… y amarse.
Oro por mí, por ti… por todos.
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