El Árbol de La Vida
El Arquetipo del Árbol
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| Foto: Ester Marie Doysabas en Unplas |
El Axis Mundi
Los
arquetipos emanan de complejos e inmensos procesos inconscientes de la
humanidad, de la experiencia atesorada durante los miles de años de existencia
de la misma.
En
las diversas culturas, estos se vislumbran con un mismo significado.
Los arquetipos se manifiestan aparentemente diferentes en cada sociedad y época, pero sus símbolos conservan determinadas particularidades que permiten que sean identificados.
La
simbología del árbol como arquetipo proviene de la imagen, de la visión y
abstracción de su representación.
Más
allá de su figura, el árbol adquiere un poder “totalmente otro”, ese “otro
divino”, al ser impregnado por el pensamiento humano de una energía mítica y
espiritual, de la cual carecía.
El Árbol es un modelo polisémico. Es reverenciado por lo que se intuye y se revela en sus múltiples significados. Nos inspira la representación de los procesos naturales y espirituales de la vida; la fecundidad generada desde el Eje del Mundo, la inmortalidad soportada por el ciclo de las estaciones: el nacimiento y la niñez (primavera); el verano, en la vida del adulto; la vejez simbolizada por el otoño; y la necesaria muerte, el invierno.
Este
ciclo perpetuo revela el arcano de la existencia; se recrea en la medida que se
repite rítmicamente para generar la renovación de la vida, de acuerdo al orden
cósmico.
Es
también un símbolo del proceso de individuación planteado por Jung, la
integración en el centro de la psique: el Sí.
Es
la integración personal representada por las flores y los frutos que coronan la
obra y que manifiestan también la espiritualidad.
La imagen del Árbol Cósmico o Árbol de la Vida corresponde a lo que Mircea Eliade, designa como "Simbolismo del Centro".
Como
símbolo, determina que el culto no se le asigna directamente al árbol, sino al
poder sagrado que este representa; poder que la persona simultáneamente venera
y teme.
Tal poder sagrado emana desde el Axis Mundi, el Centro Cósmico de la existencia física y espiritual. Es el Eje del cíclico proceso de regeneración de la naturaleza: nacimiento, muerte, renacimiento.
Bereshit Bará Elohim: En el Principio creó Dios… la Torah explica el origen del mundo y lo justifica. Este Principio es la idea de lo sagrado, la emoción y el sentimiento de lo Santo entrañado en el acto del Creador.
La
verticalidad de El Árbol Cósmico trae la idea de Eje del Mundo,
tradicionalmente dividido en tres niveles: La copa y las ramas, son el Cielo
(Mundo Espiritual); el tronco es la Tierra (Mundo Físico y Social), y la raíz
es el Inframundo (Mundo Interno o Inferior; lo inconsciente).
Este
Eje Cósmico es la vía de ascenso y descenso de la consciencia; es la Escalera
de Jacob, manifestando la comunicación del individuo con Dios.
Las
religiones, las leyendas y los mitos relacionan a los héroes y avatares con el
simbolismo del árbol y con su significado cósmico; con el Eterno Retorno al
Centro y la recurrente generación y renovación de la Creación.
Los mitos y ritos de la fertilidad, tienen en este símbolo del Árbol una profunda relación con los ciclos de vida de la Naturaleza.
Su
forma y ubicación en el mundo físico lo convierte en un modelo de telúrica
fuerza simbólica. Sus raíces, tronco y ramas los relacionamos con los tres
aspectos cósmicos de la vida comentados en párrafos anteriores.
La primavera se anuncia en el judaísmo con el florecimiento del almendro en flor; un árbol con profundo significado místico, espiritual; otro símbolo espiritual del judaísmo, asociado con el almendro en flor, es el candelabro de siete ramas: la Menorah.
Con
el simbolismo arquetípico del árbol está asociada, en numerosas culturas, la
serpiente.
En
el hinduismo encontramos a Kundalini, la serpiente de fuego, enroscada en el
eje de la columna vertebral.
Adam,
Eva y la serpiente en el Jardín del Edén.
Las
dos víboras enroscadas, en la mitología sumeria están consagradas al Señor del
Árbol de la Verdad, llamado Ningizida.
Yggdrasil,
el Fresno Perenne, el Árbol del Mundo escandinavo; en el cuál Odín, después de
estar colgado nueve días con sus noches triunfó sobre la muerte. De las raíces
de este árbol fluyen las aguas que llenan el Pozo del Conocimiento.
El
dios hindú Krishna está relacionado con el Árbol Kadamba.
Siddhartha
Gautama se sentó junto al árbol Bodhi para consumar la Iluminación.
En los Upanishads, el Cosmos se representa como un árbol invertido el “arbor inversa”.
La
relación simbólica de la serpiente con el Árbol revela la fuerza vital, la
Consciencia ascendiendo interiormente, como la savia, desde la raíz de la vida
vegetal hasta su manifestación plena como fruto: la mente y el espíritu.
La
raíz del Árbol Cósmico toma esta fuerza vital, la energía de la vida, de la
sima insondable de la Madre Tierra, manteniéndose permanentemente unido,
alimentado y soportado por ella.
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