Cosas que hay que saber acerca de lo miedos
El Miedo, los miedos y la salud
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| El Grito. Edvard Munch |
En
este artículo establezco, arbitrariamente, una clara diferencia entre Miedo y
Miedos. Lo hago basado en la necesidad de codificar ambos conceptos en función
de sus causas.
El miedo, es aquel que se siente por causas
objetivas, reales, relacionadas con el estado consciente, de vigilia. Es la
reacción fisiológica que se produce en situaciones de peligro y prepara al
sujeto para luchar o huir.
Defino
los miedos, como aquellos que son
resultado de los procesos de lo inconsciente, creados durante la socialización.
Los miedos son aprendidos, sin embargo, producen los mismos efectos
fisiológicos que los establecidos por la naturaleza ante un peligro real.
Estos
miedos son los que paralizan a la persona e impiden el desarrollo afectivo
saludable, porque son paradigmas limitantes que constriñen la realización en
todos los aspectos de la personalidad.
El Miedo, los miedos y la salud.
Lo
Real
La
palabra miedo proviene del latín timor-ōris. Se refiere a la angustia que sufre
una persona por un peligro real o imaginario.
Es, entre otras cosas, el temor que tiene esa persona de que suceda algo contrario a lo que espera.
Esta
emoción tiene la particularidad de ser una intensa e irritante sensación de
peligro provocada por la percepción de una amenaza, es una emoción primaria que
se origina en la natural prevención de la misma. Su expresión más profunda es
el terror.
Dependiendo de su intensidad y duración, deriva en ansiedad o angustia.
Es
una respuesta adaptativa del cerebro, de alta potencia y corta duración; su
función es la defensa y el ataque por la supervivencia. Cuando dicha amenaza
cesa el individuo se relaja, aunque conserva por un breve periodo el estado de
alerta y precaución.
El
miedo es real cuando el peligro afecta la seguridad física del sujeto; por
ejemplo: un incendio, un terremoto, ser atacado por otra persona o un animal.
El
miedo es neurótico cuando la amenaza que se percibe no tiene relación alguna
con situaciones reales de amenaza en el entorno social o en el natural.
Debemos a Freud estas dos definiciones de miedo: real o neurótico.
El miedo, para los psicólogos conductistas, es aprendido. ¿Cuándo lo aprendimos? En la niñez, fue o no, parte de nuestra formación. Otras escuelas psicológicas afirman que el miedo es el síntoma de un conflicto inconsciente no resuelto.
Desde
el paradigma integrador que soy, estas definiciones no se contradicen, sino que
forman aspectos de una misma realidad.
Durante el proceso de socialización, el aprendizaje puede crear conflictos, tensiones desde lo inconsciente que se manifiestan a lo largo de la vida de una persona, como síntomas neuróticos expresados como los miedos.
Lo
imaginario.
¿Cuándo
es disfuncional el miedo?
Esta clase de miedo la pluralizo. Prefiero hablar de los miedos, para diferenciarlos del miedo como respuesta de supervivencia. La conclusión evidente es: cuando no existe un peligro o una amenaza real.
Los miedos irracionales afectan la vida emocional de la persona y su productividad. Son una crónica sensación de opresión, malestar, e incertidumbre.
Esta destructiva sensación puede ser tan intensa, y duradera, que llega a anular las defensas naturales de quien la sufre, pues el individuo está convencido de que no tiene las herramientas ni las habilidades, para sobreponerse.
Denomino a estos miedos “miedos limitantes”, que brotan como la mala hierba desde lo profundo de lo inconsciente; fueron aprendidos debido al maltrato y al abuso; son miedos asimilados de quienes nos criaron porque ellos también los sufrieron. Miedos que se expresan como culpa, vergüenza, y dolor.
Estos miedos limitantes son tan reales, tan absolutamente crueles y definitivos, que la persona se siente víctima y victimiza, se siente agredida y agrede o se somete. Estos miedos son el angosto canal por el cual fluye la violencia, el sentimiento de soledad, la tristeza, la celopatía…
Son la expresión neurótica de la represión sufrida por el infante; castran tanto a niños como a los adultos en sus procesos creadores, en sus fallidos intentos de relacionarse con el otro, porque hay que protegerse para poder mantener la ilusoria sensación de control y seguridad personal.
Cada cabeza es un mundo. El miedo y los miedos son respuestas individuales, que dependen de lo que cada quien aprendió, de cómo se desarrolló su vida psíquica durante la infancia.
El
miedo, como mecanismo de defensa ante una amenaza objetiva es funcional, es
necesario para la supervivencia; pero, los miedos que acechan desde lo
inconsciente mantienen a la persona en un estado interior de fracaso, de
anticipación catastrófica y aplazamiento perenne de la propia realización.
Fisiológicamente, la angustia es una experiencia opresiva.
La palabra angustia, del latín angustĭa “angostura” (porque genera una sensación de angostamiento de las vías respiratorias) es desconsuelo, zozobra e intensa incertidumbre.
Dado que el cerebro no establece diferencias entre lo real y lo subjetivo, los miedos afectan tanto la salud mental como la salud física; esto implica que, ante una situación estresante de miedos subjetivos, el cerebro desencadena los mismos mecanismos fisiológicos de defensa que ante una amenaza real.
El sistema nervioso y los órganos internos son violentamente afectados por las consecuencias de la respuesta reactiva al estrés generado, lo cual debilita la acción protectora del sistema inmune.
¿Vencer los miedos?
La
persona “no tiene miedos”, la persona “es miedos”. En otras palabras, los
miedos son la expresión neurótica de lo que la persona es.
No hay manera de vencer los miedos, no creo que sea posible enfrentarlos como si se tratara de una pelea de boxeo o un juego de fútbol. Sería una pelea de yo contra mí.
“No tengas miedo…”, “atrévete a hacerlo…”, “no eres el único que siente miedo…”, “enfrenta tu miedo y…”, “vence tu miedo a…”.
La realidad es que, por ser inconscientes, paralizan a la persona, secuestran su discernimiento, bloquean el sistema nervioso, los músculos; generan depresión, impotencia.
Por esto es que la mejor manera de resolverlos, no de vencerlos, es con terapia psicológica.
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